LA GUÍA PUERKA VERSIÓN BETA
Esto se debe a que yo no tengo mucha idea de diseño, ni Don de informática, así que estamos dando palos de ciego hasta que encontrmos un diseño adecuado y unos colores no saturados para esta guía.
Disculpen las molestias.
Con esta entrada de hoy, vuelvo a llevarle expresamente la contraria a mi compañero e ideólogo de este blog, mi querido gorrino Don, pese a que fue él quien me lo mostró. El lugar del que os voy a hablar no se ajusta a la filosofía de la guía por el simple motivo de estar a unos 3200 Km. de España. Para mí, os juro que merece la pena incluso el ir expresamente a comer allí. Bueno, mejor dicho a cenar, porque su dueño, Makí sólo sirve cenas. Por supuesto este lugar no podrá entrar nunca en la Chien des Rotisseurs.
Los que tengan el privilegio de poder ir, se quedarán (como me pasó a mi) impactados, estupefactos, asombrados, embriagados… Seguro que nunca habéis visto nada semejante ni parecido. A mi me pasó la primera vez que me llevó Don, fue como un síndrome de stendhal, pero en cutre.
La taberna del Gnomo supongo que tendrá un nombre en griego. A nadie le importa. La basta comunidad erasmus española de Atenas la tiene bautizada con este nombre y punto.
No está anunciada, ni tan siquiera pone taberna en la puerta. No está a la vista y encontrarla es una odisea que en mi segundo viaje a Atenas, para volver allí, Don me tuvo que indicar paso a paso en una conversación gepeésica (?) con España.
Situada al pie de la zona más turística de Atenas, desde Monastiraki, emprendemos la subida a pie a la acrópolis. Al llegar a la última casa, girar a la izquierda en la terraza del bar. Avanzar la calleja. Hacer un giro izquierda-derecha en la siguiente perpendicular como si se quisiera continuar recto. Verás otro bar con unas escaleras pobladas de plantas y gatos. Sube y métete por la maleza sin miedo, que allí es. Si llegas a una pequeña iglesia, te has pasado. Guíate por los gatos.
El lugar está lleno de chismes raros, amontonados durante años. No hay ni dos copas iguales ni dos tenedores iguales. La última vez ni siquiera había carta. A Makí se la suda lo que quieras comer, él se encargará de cebarte bien a un precio razonable (no pidáis pinchos morunos de ternera, que están cojonudos pero es un sablazo).
Os recomiendo encarecidamente ensalada, el saganaki y que os hartéis de vino blanco, el cual es regalo de la casa. La última vez, el recipiente del vino tenía un extraño parecido a un jarrón que tengo en el pueblo.
A Makí le encanta España, pero no le gustan los toros, su aspecto es desaliñado pero entrañable y la cuenta la hará en dracmas y luego le aplicara el tipo de cambio a euros que se le pase por el forro, que para eso es el dueño. La nota, probablemente sea en un trozo de mantel, sin IVA ni nada. Pese a su aspecto, su corta estatura y su más que probable síndrome de diógenes, un griego nos dijo que ese hombre era toda una institución venida a menos en Grecia. El buen hombre fue campeón del mundo de salto. No entendimos mucho más.
Mi teoría es que Makí abrió el restaurante para los obreros del acrópolis cuando la hicieron y allí sigue, con sus flores, sus chismes y lanzando gatos a diestro y siniestro.
Lo mejor: El encanto del lugar y de su dueño.
Lo peor: Que si eres muy pulcro o escrupuloso te puede dar un infarto.
Nuestra valoración: No se puede valorar, os lo juro.
Si te gusta el fútbol y eres del Numancia o del Zaragoza, este es tu bar. Situado en la parte trasera de los juzgados, se llega en un pis pas por la zona de donde estaban situados los de lo contencioso administrativo. Si no te ubicas, está en la calle manifestación.
Los Zaragoza-Numancia siempre empiezan aquí. Las aficiones se reúnen, cantan, beben, se emborrachan, se abrazan y se comen los pinchos. En los días normales, cualquier buen abogado sabe que es mejor ir a almorzar aquí que a los bares de la propia plaza del Pilar, pero queda un poco a desmano y siempre se va con el tiempo justo…
Son muy recomendables los pinchos de gambas con gabardina, los huevos duros acompañados por gambas, las patatas rellenas y por supuesto el picadillo (soriano, claro está), acompañados por un vinito.
Lo mejor: Sus rebozados
Lo peor: que si los pinchos no están recién hechos, al recalentarlos pierden bastante.
Nuestra valoración:
CCC Tres cucarachas